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Hay en las materias ideorealistas sorpredentes convergencias: Las materias que autorizan una total expresiòn gràfica no estan numerosas: ellas se definen como dibujo y grabado, raramente como pintura. Guillevic y Jacquier desarollan medios de expresiòn que se vuelven dibujo sin parar de estar pintura. La nociòn de dibujo-pintura exige una materia que se doblega al trazo. Y viceversa, el dibujo-pintura exige un trazo que no para de estar materia. El azul Jacquier debe su fluidez a la acuarela y su profundidad a la tinta de China. Puesta sobre un papel hùmedo, no le falta de instalarse a sus anchas a esta materia caprichosa, que nunca ninguno “truco” domesticarà, sino el ojo y el mano del artista. El resultado esta evidencia: - fusiòn del espìritu y de la materia- El castaño Guillevic esta un extracto de nuez el cual ha dado una consistencia. Un superficie con la brucha definirà un espacio donde los instrumentos engravaron sus signos. Igual que la técnica anterior, el papel esta hùmedo… y el tiempo esta contado.
Sin nunca ponerse de acuerdo, los pintores ideorealistas han llegado a dos versiònes complementarias de una misma voluntad. Jacquier se conta negro sobre blanco, Guillevic se escribe blanco sobre negro! El arte del vacìo tiene tanto sitio como el arte del lleno. Curiosamente, Jacquier, hombre del campo, nada en un blanco acuàtico. Guillevic, hijo de pescador, rumia el color de la tierra. |
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